Dicono di me

REVISTA DE CULTURA QVORVM

El libro de las hojas muertas.

Pablo Torrecilla: Ediciones Valnera, Villanueva de Villaescusa, 2007. 

El mismo 1967 vieron la luz Pablo Torrecilla y Cien años de soledad. Cuarenta años después, del impacto de la novela sobre el joven brotaEl libro de las hojas muertas, que presenta una doble y sorprendente visión, texto autobiográfico del madrileño e ilustración de la novela del colombiano.

El primero describe la infancia, adolescencia y familia de un joven español en lucha con sus demonios interiores (mundo, demonio, carne) hasta la madurez. Una larga secuela de aprendizaje donde se transforma la ilusión en realidad y forma la experiencia. El vigor de la prosa de García Márquez se refleja en el estilo de Torrecilla, en el modo literario. Porque su escritura no desmerece, ni mucho menos, de su arte plástica. Su faceta de ilustrador, que dialoga con la autobiografía, ilumina la obra de García Márquez y tiene mucho del lápiz crítico de Daumier, ácido y sarcástico. Posee, en consecuencia,El libro de las hojas muertas dos vertientes que son como la umbría y la solana de un collado: vistas por encima, parecen campos distintos, que poca relación tienen de color y vida, pero ambas son parte del mismo altozano y su sustrato es idéntico.

El lado literario, donde Torrecilla campa por su periplo vital, tiene un fondo marquezino, parte de la necesidad de restringir el mundo, un espacio tan nuevo que algunas cosas aún no tienen nombre y deben señalarse con el dedo para definirlas. Narrada en primera persona, su prosa es peregrinación del español, como la saga de los Buendía, captación de los activos (tales nuevos Arcadios) y los contemplativos (aquellos Aurelianos). Refleja un atinado relato de las sensaciones e ilusiones de un joven que se abre al prometedor –e incómodo– mundo. La casa que habita, el caserón de la abuela, deviene un mundo mago, capullo donde encerrarse a crear con una autarquía que semeja a la ostentada por los Buendía. La abuela de Torrecilla encuentra su epítome en Úrsula Iguarán, la menuda y activa mujer que constituye la almendra de la saga de Macondo. A partir de ese punto relata sus salidas, en especial la que ejecuta a Estados Unidos. El exterior constituye la hojarasca: el personaje se pierde, le engañan, entra en conflicto con el entorno. Un mundo de vértigo que se palpabiliza en Samuel, ese extraño –pero no raro– falso editor que le promete una ganancia sin cuento que, como en un mal cuento, nunca llega. Un personaje sórdido que asimismo es epítome ad contrarium de la anciana, y cuya actitud de ansia crematística remite al Jacob ideado por el colombiano. De la misma forma, la literaria Remedios, la Bella, topa su copia viva en una dependienta que Torrecilla ve por una única vez: representa la inocencia, encontrada, perdida y nunca recobrada porque es imposible hacerla revivir.

Si la prosa presenta al artista, el dibujo y la pintura recrean el mundo de Macondo en personajes y ambientes. Los primeros están realizados con amor y dedicación. Dos destacan sobre todo, el gigantesco José Arcadio y la bella Remedios. Aquel semeja una fuerza de la naturaleza, con su hirsuta pelambrera, la nariz aquilina y el gesto decidido. Alrededor –o a la sombra– de su imagen viven los demás hombres como contraste, incluso el mágico Melquíades. Remedios, por el contrario, con su etérea belleza metaforiza lo inalcanzable. Heredera directa de la Venus botticelliana, su pudicia y descaro la convierten en paradigma de mujer. Las demás contrapuntean a esta excelsa hembra.

Empero, lo más logrado plásticamente del madrileño es su capacidad para ubicar a los personajes dentro de un paisaje o de un grupo. Se dotan de un halo mágico, sea en el primitivismo de exhalan las figuras, sea en la exuberancia lujuriosa de las plantas, o en los matices que otorga a los suelos, incluso en los grises de los lápices. De ello da buena cuenta la portada del libro, con el coronel Aureliano frente al pelotón de fusilamiento. La prestancia y densidad de los personajes en el tétrico paisaje proporciona un ritmo estético que se encuentra en otros óleos, tales los dedicados al esqueleto del galeón español en medio de la pampa. Si el tremendo episodio del tren de los muertos –uno de los relatos mágicos imperecederos de la literatura española- capta la fusión estremecedora de cuerpos y vagón, no menos perspicacia poseen las telas del acrílico de la niña Rebeca o los fondos ígneos del triángulo amoroso de Amaranta, Rebeca y Pietro Crespi, plasmando así las sensaciones que transmite el verbo riquísimo de García Márquez. Óleo acabado o rápido esbozo, la mano de Pablo Torrecilla sabe tratar y trasmitir ese mundo donde se funden el hombre y la naturaleza con el rumor de las praderas antiguas.

por JESÚS LÁZARO


DIARIO MONTAÑES, Domingo, 18 de marzo de 2007

Gabo sí tiene quien le ilustre

Más de doscientos dibujos del artista Pablo Torrecilla retratan el universo de Macondo La editorial cántabra Valnera publica 'El libro de las hojas muertas', la historia literaria e ilustrada de una fascinación por 'Cien años de soledad'

GUILLERMO BALBONA/SANTANDER

«Cuando levanté la vista del papel, apenas pude contener las réplicas sísmicas de mis manos a la erupción volcánica de aquel texto en mi imaginación. Algunos años después, recordándolo en mi estudio, todavía pude identificar los rastros de aquella conmoción en nuevos movimientos de materia gris y torrentes de sangre al rojo vivo que me erizaron los pelos de la nuca y provocaron corrimientos de tierra por mis entrañas cada vez que pronunciaba el nombre de Remedios, la bella». Con esta confesión literaria y emocional se abre 'El libro de las hojas muertas', el itinerario de una devoción: la del pintor Pablo Torrecilla por el microcosmos universal de Macondo. Después de más de veinte años de entregada pasión, una selección de doscientas ilustraciones atraviesan la geografía humana y literaria de 'Cien años de soledad', plasmada en un imaginario personal sobre una de las obras más leídas del mundo.

Torrecilla (Madrid, 1967), pintor e ilustrador para las editoriales Santillana, Anaya y S.M., convirtió su apasionada fascinación infantil en una obsesión creciente que se convirtió, con el paso del tiempo, en una paciente labor en la que el dibujo iba dando forma a cientos de trazos en torno a los personajes y situaciones que habitan la obra cumbre del escritor Gabriel García Márquez (Aracataca, Colombia, 1927).

Una publicación que surge además cuando se cumple el 40 aniversario de esta obra, considerada por la crítica la mejor novela en lengua castellana del siglo XX, el 80 cumpleaños de su autor y los 25 de la recepción del Nobel.

El artista fue aprendiz y, más tarde, colaborador del pintor cántabro José Ramón Sánchez, lo que se tradujo en su apoyo en la realización de la exposición 'Nijinsky y los ballets rusos' (Centro Cultural Conde Duque, diciembre 1989); de la escenografía y vestuario de 'Cascanueces' para el Ballet Clásico Nacional de España; y de la elaboración de un mural para el techo de la sala Pereda del Palacio de Festivales. En los últimos tiempos, ha conformado un trabajo ingente de ilustración de la novela por excelencia de Gabo, símbolo de lo que fue el 'boom' latinoamericano.

Identificación

Los frutos de aquella dedicación a las criaturas de 'Cien años de soledad' se podrán ver ahora en un libro que la editorial cántabra Valnera depositará en las librerías la próxima semana. Doscientas estampas en color y blanco y negro, en su mayoría, que subrayan la identificación y la capacidad de Torrecilla para sumergirse en el universo de la obra. José Ramón Sánchez destaca en el prólogo al nuevo libro que en las creaciones del artista están, «vivos y palpitantes, los ciudadanos de Macondo. En el interior de sus casas, en la selva, en las tabernas y burdeles, en los páramos y las montañas; Aureliano y José Arcadio Buendía, Melquíades y Prudencio Aguilar, Úrsula y Remedios, la bella, Rebeca y Amaranta, viven, sufren y enloquecen, sueñan y copulan como fantasmas de sí mismos que, dejando a un lado su vivir literario, cobran nueva vida en los folios de dibujar».

En la publicación de Valnera, Pablo Torrecilla acompaña esas imágenes de su traducción del libro de García Márquez, con capítulos literarios paralelos en los que describe sus sensaciones, sus revelaciones, sus querencias, sus descubrimientos, sus encuentros y desencuentros con una de las narraciones más populares de la historia.

'El libro de las hojas muertas' se configura por el relato de Pablo Torrecilla, flanqueado de pequeños dibujos que sólo se cuentan a sí mismos. Y las ilustraciones van acompañadas por unos fragmentos escogidos de 'Cien años de soledad', «como queriendo arropar lo pequeño con el edredón cálido y ligero de las palabras del genio de Aracataca».

Durante estos más de veinte años, el ilustrador Pablo Torrecilla se sumergió así apasionadamente en 'Cien años de soledad', la obra inabarcable de Gabriel García Márquez, para intentar ponerle imágenes a cada una de las escenas de la novela del genial colombiano. En este tiempo ha realizado mil y un bocetos, cientos de dibujos y unos pocos óleos. De este proceso «casi enfermizo» -reflejado a su vez en ese escrito de singular belleza por el propio Torrecilla- surge el nuevo libro que Valnera ha integrado en su colección 'Álbumnes Ilustrados'.

Así, el artista cuenta cómo el libro le fascinó «desde la primera a la última página, pero, cumpliendo el presagio de mi madre, no entendí absolutamente nada. A lo largo de aquel verano, la brisa del Caribe me alivió los tedios de unas siestas imposibles. Sentado en la terraza, disfruté de los artilugios de los gitanos y las empresas demenciales de los Buendía; el desastre de una gente que se olvidaba del nombre de las cosas por no dormir; la masculinidad inverosímil de José Arcadio, hijo, tatuada como el antebrazo de un filibustero; los tres mil muertos del carnaval; las guerras interminables; los gemelos que jugaban a confundir sus identidades. Y, sobre todo, el encuentro con Remedios, la bella. La magia y la parranda constantes cubrieron las expectativas de mi curiosidad adolescente. Pero no estaba preparado, jamás lo estaría, para alcanzar a ver más allá del fuego de artificio», describe el autor.

Y recuerda cómo, tras devolver el libro a la estantería del salón de su casa, «no podía saber que ninguna fuerza de este mundo podía contener el manantial de acontecimientos que brotaría de la herida abierta aquel verano prodigioso».

Trayectoria

Una exposición de pinturas, acuarelas y dibujos de Torrecilla pudo contemplarse a finales de los noventa en la sala de arte santanderina Carmen Carrión. El creador ha desarrollado como director de arte diversos proyectos editoriales para editoriales en Los Ángeles, proyectos de literatura infantil y juvenil destinados a editoriales españolas y anglosajonas y la dirección de arte de la producción de animación 3D 'Atapuerco' (en proceso de realización), amén de dibujante de 'story board' del largometraje 'Lo último de Philip Banter', de Herve Hachuel, para la productora Tesauro, entre otras actuaciones y realizaciones en ámbitos culturales y educativos.

José Ramón Sánchez, en su escrito 'La jaula del aprendiz', donde traza un perfil de Torrecilla, cuenta que fue «un alumno que había aprendido en tres años lo que al maestro le había costado treinta». Y recuerda su asombro ante su trabajo: «no pude entender que aquel chaval, todavía con sólo tres años de oficio, hubiese llegado a recrear con justeza aquel mundo tan intenso y sorprendente como deslumbrante e inabarcable».

Cuando el pintor santanderino, coeditor de Valnera junto a Jesús Herrán, tuvo ante sí los los bocetos y dibujos de Torrecilla, confiesa que la magia de Macondo se le metió en los huesos «y pude revivir en tres días aquella locura de años».


DIARIO MONTAÑES

Jueves, 19 de abril de 2007

Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento...'

Valnera presentó ayer 'El libro de las hojas muertas', primera aportación singular, ajena a las reediciones, al 40 aniversario de 'Cien años de soledad' La obra de Pablo Torrecilla plasma veinte años de creación desde el respeto, la emoción y el homenaje a García Márquez

GUILLERMO BALBONA/SANTANDER

Muchos años después, frente a sus óleos y dibujos, el artista Pablo Torrecilla había de recordar aquella tarde remota en que su padre le llevó un ejemplar de 'Cien años de soledad' de Gabriel García Márquez. Concebida como «un homenaje de arte y de vida», plasmada, finalmente, como el fruto de una «aventura artística y emocional», veía la luz, ayer oficialmente, la publicación de una obra en torno a la obsesión creativa de dos décadas de ardua y silenciosa labor.

En el reencuentro entre quienes fueron maestro y aprendiz, los pintores y dibujantes José Ramón Sánchez y Pablo Torrecilla, respectivamente, la editorial Valnera presentó en el Ateneo santanderino 'El libro de las hojas muertas' la singular recreación ilustrativa y literaria de la gran novela en castellano del siglo XX; un universo que es el resultado de una devoción y una pasión.

La editorial cántabra Valnera, de la mano de Jesús Herrán, Angeles de la Gala y el propio José Ramón Sánchez, afrontó el reto de rescatar de un sótano las carpetas que Pablo Torrecilla depositó, entre la timidez y el escepticismo, tras su trabajo de veinte años: una decena de óleos y cientos de dibujos que atravesaban junto, con notas y pensamientos, el mundo de Macondo habitado por los Buendía y sus tribulaciones.

'El libro de las hojas muertas'- titulo que alude a la imagen que ilustraba la cubierta de la edición que tuvo Torrecilla entre sus manos desde el descubrimiento de la obra del Nobel colombiano- es la primera aportación al 40 aniversario de la novela fuera de las reediciones lógicas y de las convocatorias institucionales. Además, no existe constancia de una recreación de estas características, la cual podría tener su prolongación en una directa edición ilustrada de 'Cien años de soledad'. Hasta ahora no se ha afrontado un proyecto de estas características, aunque se desconoce si debido a la negativa de Gabo o a que, simplemente, no se ha presentado con semejante dimensión.

En cualquier caso, los responsables de Valnera comentaron que se hará llegar a García Márquez la obra de Torrecilla, probablemente aprovechando la amistad de José Ramón Sánchez con el ex presidente Felipe González, amigo íntimo de Gabo.

Con el antecedente de 'Gentes de Sotileza', publicación de Valnera sobre la recreación de José Ramón Sánchez de la novela emblemática de Pereda, Valnera decidió que la creación de Torrecilla merecía un tratamiento similar, objetivo transformado en este ambicioso libro que tiene su origen en 1975 cuando el artista madrileño descubre en sus años de estudiante, tras un comentario de texto, el caudal literario de García Márquez.

El oficio creció a través de ilustraciones inspiradas en otras dos de sus obras, 'El otoño del patriarca' y 'El coronel no tiene quien le escriba', pero no tardó en sumergirse en el universo de Macondo.

«Respeto, admiración, homenaje, emoción contenida, pasión» han coincidido en el tiempo sobre las líneas del dibujo de Torrecilla, sus decenas y decenas de bocetos en un trabajo ingente que inicialmente tenía en su punto de mira la elaboración de cien cuadros, cinco por cada capítulo de la novela, «pero ello superaba mis posibilidades sin contar con el apoyo de ninguna institución».

Torrecilla definió la obra publicada como «un milagro» y subrayó que «muchas cosas de las que he hecho en la vida merecen la pena sólo por haber llegado a este libro».

El artista fue aprendiz y, más tarde, colaborador del pintor cántabro José Ramón Sánchez, lo que se tradujo en su apoyo en la realización de la exposición 'Nijinsky y los ballets rusos' (Centro Cultural Conde Duque, diciembre 1989); de la escenografía y vestuario de 'Cascanueces' para el Ballet Clásico Nacional de España; y de la elaboración del mural para el techo de la sala Pereda y otras obras para el Palacio de Festivales.

José Ramón Sánchez confesó que aquellos fueron los únicos tres años que ha compartido su oficio y creación con otro artista. «Pablo fue todo ojos y todo oídos y en tan sólo dos meses ya estaba participando en mis cuadros y proyectos hasta volar luego por su cuenta». Torrecilla contó cómo el libro le fascinó «desde la primera a la última página». Narrada en primera persona, su prosa está empapada del estilo literario del Nobel y atraviesa los personajes y avatares de la saga de los Buendía.

El creador madrileño desarrolla actividades en ámbitos de la ilustración y la publicidad como director de arte, encargos de editoriales de EEUU, proyectos de literatura infantil y juvenil, amén de dibujante de 'story board'.


Diario ALERTA (www.eldiarioalerta.com) 

jueves 19 de abril de 2007.

Homenaje a ‘Cien años de soledad’

El pintor Pablo Torrecilla rinde tributo a la novela de García Márquez a través de la editorial cántabra Valnera con la obra ‘El libro de las hojas muertas’

EUROPA PRESS. Santander

El pintor madrileño Pablo Torrecilla presentó ayer en Santander, en el estudio del artista santanderino José Ramón Sánchez, ‘El libro de las hojas muertas’, un homenaje a ‘Cien años de soledad’, del Nobel Gabriel García Márquez, con motivo del cuarenta aniversario de su publicación. Pablo Torrecilla, aprendiz en su día de José Ramón Sánchez, es un apasionado de García Márquez. Comenzó realizando ilustraciones inspiradas en otras dos de sus obras, ‘El otoño del patriarca’ y ‘El coronel no tiene quien le escriba’, pero su pasión por los Buendía, la familia protagonista de ‘Cien años de soledad’, le ha llevado durante 20 años, a elaborar las ilustraciones que se pueden ver en este nuevo trabajo.

El pintor, que presentó el libro en conferencia de prensa junto con José Ramón Sánchez, explicó que “en principio mi idea era pintar cuadros de toda la novela, capítulo por capítulo. Hubieran salido más de 100 cuadros y esto superaba mis posibilidades sin contar con el apoyo de ninguna institución”.

Respecto al título del libro, explicó que lleva este nombre debido a la ilustración de la portada del original que él leyó en su juventud, en la que aparecían unas hojas secas.

Ediciones Valnera, ubicada en la localidad cántabra de Villanueva de Villaescusa, al no poseer los derechos de la novela, propuso al pintor que mezclara su obra plástica con sus experiencias vitales a través de los personajes de Cien años de soledad. El resultado es un libro que, en palabras del portavoz de la editorial, Jesús Herrán, es “un homenaje de arte” y que convierte a Valnera, “y por ende a nuestra región, en la primera y única” en realizar un homenaje a la novela de García Márquez, “con una iniciativa distinta de la mera reedición del texto”.

Para Torrecilla, es “un milagro” la publicación de estos dibujos, que desde hace dos décadas tenía guardados en carpetas en un sótano.

“Muchas cosas de las que he hecho en la vida merecen la pena sólo por haber llegado a este libro”, aseguró. Prologado por José Ramón Sánchez, la obra contiene 201 ilustraciones, 14 a color y 187 en blanco y negro, distribuidas en sus 232 páginas, más un tríptico extensible. El libro, incluido en la colección Albumes ilustrados, se puede adquirir al precio de 28 euros.

Por su parte, José Ramón Sánchez, recordó su colaboración profesonal de tres años con Torrecilla, con quien trabajó entre 1986 y 1989 en la realización de los cuadros, esculturas y escenografías de la exposición Nijinsky y los ballets rusos, que se mostró en el centro cultural Conde Duque de Madrid. “Han sido los únicos tres años que he compartido con otro artista”, señaló Sánchez, quien destacó que entonces “Pablo fue todo ojos y todo oídos” y “en tan sólo dos meses ya estaba participando en mis cuadros”, dijo.


www.rubendiazcaviedes.com

Nadie acaba de conocer Macondo totalmente sin la ayuda de Pablo Torrecilla y El libro de las hojas muertas, una colección de ilustraciones de Cien años de soledad. Lo publicó en el 40 aniversario de la novela en 2007 y hoy es imposible de encontrar, imagino que porque estará descatalogado. Si en 2017 lo ven de nuevo en alguna librería, cómprenlo: es una maravilla. 

 

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